15 abr. 2014

BREAKING BAD


A las buenas. Hoy voy a realizar un post acerca de una serie que ha acabado subiendo a lo más alto de mis preferencias y ha terminado convirtiéndose, para un servidor, en una de las mejores series de la historia de la televisión: Breaking Bad.








El creador de esta serie es Vince Gillian y se extiende a lo largo de 62 emitidos entre 2008 y 2013, los cuales se dividen en 5 temporadas (la última compuesta por dos partes, no hay que incurrir en el muy común error de decir que Breaking Bad está formada por 6 temporadas).

El reparto se encuentra liderado por Bryan Cranston, acompañado de Aaron Paul, Anna Gunn, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Giancarlo Esposito y Bob Odenkirk.

La trama nos presenta a Walter White, un profesor de química de instituto que al cumplir 50 años descubre que tiene cáncer. Para dejar un dinero que permita a su familia seguir adelante una vez fallezca, Walter tomará la decisión de cocinar droga, asociándose para ello a su antiguo alumno, Jesse Pinkman.

Con este interesante argumento se da inicio a una de las mejores series de televisión que nos ha proporcionado la pantalla. El argumento nos situa a medio camino entre la mítica película Scarface (El precio del poder en España) de Al Pacino y entre una película de Tarantino como Reservoir Dogs o Pulp Fiction.

Es curioso ver como las voces de crítica y público han coincidió unánimemente en señalar a Breaking Bad como un referente a la hora de señalarla como un ejemplo de la edad dorada que estamos viviendo en series de televisión de calidad. Productos como el que nos ocupa y otros como los Soprano o Juego de Tronos no tienen nada que envidiar a la hora de mirar cara a cara a obras maestras del cine.

¿Por qué brilla tanto Breaking Bad? ¿Por su elaborado guión? ¿Por sus sofisticados personajes? ¿Por sus absorbentes tramas? ¿Por la majestuosidad de su reparto? ¿Por la sobriedad de su fotografía? ¿Por lo sublime de su dirección? Pues espero que me creáis cuando responda que por todas esas cosas y más aún. 








El guión de la serie es, sin duda alguna, todo un prodigio de madurez argumental, con una trama que si bien no está exenta de algunos momentos de “calma chicha”, no deja de proseguir con fuerza y es todo un ejercicio de buen hacer. Breaking Bad contiene unos guiones prácticamente perfectos donde nada se deja al azar, con unos diálogos realistas y brillantemente escritos y con unas vueltas de tuerca asombrosas, pero lógicas si se tiene en cuenta la evolución de la serie.

Los personajes son otro de los puntos fuertes de esta obra.  Son ante todo carismáticos y pese que algunos pueda tener algún rasgo humorístico y/o peculiar resultan muy humanos y resulta asombrosamente sencillo poder empatizar con ello. Es todo un lujo asistir al desarrollo de Walter White, a las caídas en desgracia de Jesse, a las manías de Marie, a las contradicciones de Skyler, a la nobleza de Hank, a las miradas asesinas de Tío Salamanca, a lo artero de Saul, a la dureza de Mike, a lo implacable de Gus…. Podría seguir y seguir, puesto que Breaking contiene uno de los porcentajes más altos de personajes memorables que recuerdo. Realmente se han empeñado en crear un pléyade de protagonistas y secundarios de altura.

Por mucho que se trabaje la creación de grandes personajes, se queda en nada a no ser que vengan respaldados por unos actores a la altura que sepan dotarlos de vida propia. Y podéis apostar lo que sea a que eso es así. Cranston es un actor como al copa de un pino, que realiza aquí el trabajo de su vida. Es asombroso todo el repertorio de gestos y registros que posee este actor, logrando que captar todos los matices que requería la construcción de un papel como White. Sabe sobradamente plasmar momentos de intensidad dramática, escenificar escenas de dolor, lograr parecer indefenso cuando la situación lo requiere, transmitir humildad, hacer llegar al espectador momentos de cariño y preocupación… Conseguir hacer creíbles todas y cada una de esas situaciones (e infinitas más) es digno de un maestro como Cranston.

Ojo, no es sólo él el que consigue realzar la obra con sus interpretaciones, ya que prácticamente el 100% del reparto está asombrosamente genial. Un ejemplo que me resulta clave es el de Skyler. Es un personaje que cae mal a un alto porcentaje de gente (si bien resulta vital para el desarrollo de la serie). No obstante Anna Gunn, la actriz que la encarna, sabe como plasmar sus emociones y todo el doble rasero del personaje. Otro grandísimo ejemplo seria Giancarlo Esposito, quien en su papel de Gus sabe magistralmente aparentar cercanía y humildad, para luego desatarse como personaje frio y despiadado. Demuestra un gran registro interpretativo a la altura de pocos. Podría seguir con ejemplos ad eternum, esa es una de las grandes virtudes de Breaking Bad.









Un inciso y recalco que quisiera hacer, es que para el que esto escribe (como ya he mencionado antes), la serie es algo así como lo más parecido a una serie de tv dirigida por Quentin Tarantino.  Los diálogos, los personajes, las tramas, la violencia y el tono de Breaking Bad se deja empapar de una influencia Tarantinesca que concluye a pensar que los responsables del show televisivo han tenido un ojo puesto en el trabajo del enfant terrible de los directores de cine. Lo que si se hace bien hecho, como es este caso, es una garantía de éxito.

La dirección de la serie destaca por su enorme sobriedad y el buen ritmo que mantiene cada episodio. He escuchado y leído muchos comentarios acerca de que Breaking Bad resulta algo lenta, opinión que no comparto pero que si puedo llegar a entender. Y es que se toma su tiempo en desarrollar las tramas y dejarse llevar, pero para mí eso es una virtud, ya que una mayor velocidad implicaría una menor detención en la psicología de los personajes y un descenso de disfrute de la ambientación de la serie.

Es encomiable como se cuida plano, cada secuencia, cada dialogo, cada gesto de los actores, obteniendo como resultado un brillante trabajo de dirección. Episodios clave como el de la mosca (del que, por supuesto, no spoilearé nada por estos lares) denotan una gran elaboración y madurez de los responsables de la serie, ofreciéndonos una escenificación llena de ángulos y planos que merecen ser estudiados en todas las escuelas de cine del mundo.

No puedo dejar de mencionar tampoco la excelsa labor realizada en el apartado de la fotografía de la serie, la cual es inmensa. Dan ganas de revisionar cada capítulo para perderse en la belleza de los desiertos de Alburquerque y observa con detenimiento cada uno de los escenarios tan brillantemente escogidos.

Para finalizar, hay que resaltar que Breaking Bad ha supuesto uno de los picos más elevados en la historia de la televisión por su gran conjunto de virtudes: su madurez argumental, sus personajes (llenos de aristas, matices y dotados de vida propia), sus tramas adultas y por, en definitiva, lo cuidada que está en todos sus aspectos y por su enorme calidad. Todo el que la vea se embarcará en un viaje el cual nunca podrá olvidar.








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